Arriésgate a ser feliz

Atreverse a hablar con el chico que te gusta, a decir no cuando algo nos desagrada, a cruzar la calle con el semáforo en rojo o a emprender esa locura de proyecto que nos ronda en la cabeza desde hace tiempo… Quizás por la necesidad de seguridad o porque nuestros hábitos diarios no dejan sitio al atrevimiento, hemos acabado por perderle el gusto. ¡Sigue nuestros consejos para recuperar la osadía!

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“¡No sabían que era imposible, por eso lo hicieron!”. Esta célebre frase de Mark Twain ha amparado a lo largo del tiempo numerosas temeridades y aventuras. ¿Y si saliésemos de nuestro letargo echando a un lado nuestros miedos (a menudo infundados) para vivir nuestros sueños en lugar de soñar nuestra vida? Sin llevar a cabo necesariamente una revolución, podríamos demostrar una cierta audacia comenzando por microcambios o nuevas actitudes… Sobre todo ahora, a la vuelta de vacaciones, donde el retorno a los hábitos y a la prudencia amenaza con empañar nuestro bienestar veraniego.

¡Ponerse en marcha!

Probablemente sientas una cierta inercia que te obliga cada mañana a hacer el mismo recorrido, a sacar prácticamente las mismas conversaciones (aburridas) con los colegas de la oficina, con tu pareja o contigo misma… Igual le das vueltas a las mismas ideas como a pedir un aumento, a irte de fin de semana con tu chico a otro lado que no sea la casa de sus padres o a abordar al nuevo vecino…

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Nos hemos vuelto “esclavos” de nuestras costumbres, de la rutina o del qué dirán hasta el punto que la palabra “atreverse” desaparece a veces de nuestro vocabulario. “Sin embargo, es un proceso, un movimiento, un viaje hacia delante que permite poner en nuestras vidas un poco de novedad y de desconocido… ambos compañeros indisociables de la felicidad”, explica Jean-Paul Sauzède, psicoterapeuta. Atreverse significa afrontar un desafío, sobrepasar nuestros propios límites y miedos, ir a por todas… ¡Y vivir mejor!

Entre cobardía colectiva e historia familiar

Los “¿para qué?” casi depresivos o los “no funcionará” de los que pierden la batalla antes de empezarla no son más que frenos para nuestros arrebatos de audacia. Es como si nos hubiésemos vuelto aprensivos frente a la creciente inseguridad (crisis financiera, cambio climático alarmante…). De todas formas, precisa Jean-Paul Sauzède, “aunque es cierto que la situación presente exacerba nuestra necesidad de seguridad, esta cobardía demuestra que dependemos mucho del contexto exterior, ¡como si no fuésemos actores de nuestra propia historia!”.

Cuando nos sentimos “de bajón” a causa de este inmovilismo, el psicoterapeuta nos aconseja precisamente que reinterpretemos nuestra propia historia antes de nada. A veces ocurre que las raíces del miedo están enterradas en la familia. Un abuelo que quebró o una bisabuela desafortunada en amores pueden bloquear nuestros arrebatos de valentía. ¡Algunas herencias pueden provocar la repetición del mismo guión sin que nos demos cuenta! Por esta razón, realizar indagaciones en psicogenealogía puede darnos pistas además de alas a nuestros proyectos.

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Superar el miedo al fracaso
Para algunas personas, el riesgo de fracasar es más fuerte que la exaltación de probar suerte. El miedo a deber encajar un “no” al abordar a la persona que les gusta, a probar una receta nueva para una cena entre amigos o de empezar un proyecto domina. “Cometer errores les parece insalvable, al igual que cualquier otra prueba que implique superar sus carencias o debilidades.

¿Posible causa? Probablemente, de niño no te consentían cometer errores… Resultado: tu afán de perfección puede inhibir en gran parte tus arrebatos de osadía. “Necesitas apoyo,  intenta rodearte de personas que te respalden y valoren tus capacidades”, aconseja nuestro experto en audacia. Acércate a aquellas personas que, estando en el mismo caso que tú, han ido avanzando poco a poco. Te darás cuenta de que los fracasos son el germen de los éxitos futuros.

No al conformismo

Por lo general, dependemos bastante de círculos de lealtad y dependencia que pueden poner trabas a nuestros sueños. Resultado: vivimos de acuerdo a las reglas establecidas, tenemos un trabajo y a veces una familia modelo para mayor satisfacción de nuestros padres e incuso de la sociedad. “Pero, ¿y nuestros ideales? ¿Somos fieles a nuestros propios valores?.

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Reconcíliate con tus sueños. Para volver a retomar el gusto por el atrevimiento, ha llegado el momento de evaluar lo que quieres. Intenta verte dentro de dos años. ¿Cómo te imaginas? ¿Qué es lo que realmente te apetece hacer? Un viaje, cambiar de ciudad, fundar una familia… Conseguirás las pistas necesarias para comenzar a realizar microcambios (relaciones, trabajo…) y a adoptar nuevas actitudes más dinámicas de cara al futuro.

Se suele decir que el que no arriesga, no gana. ¡Inténtalo! Organizar una marcha para salvar la selva amazónica porque crees en la causa, seguir una formación para ejercer el oficio de tus sueños o pedirle la mano porque no podéis quereros más. No tengas miedo y lánzate a por todas.

Búrlate de todas las dudas que surjan en tu camino. Jean-Paul Sauzède nos recuerda que “el ser humano depende, a menudo, de su deseo de permanencia, de repetición así como de la llamada interior al cambio y a su increíble capacidad de soñar”. Del equilibrio entre ambos nace la felicidad. Quedarse estancado en nuestras viejas costumbres o, por el contrario, vivir en una búsqueda continua de novedad puede ser una verdadera pesadilla.

C. Maillard   http://bienestar.doctissimo.es/psicologia/desarrollo-personal/arriesgate-a-ser-feliz/pagina-2.html

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